PODCAST "UN POQUITO MÁS" | Último Episodio

Un Poquito Más - Ep. 1 | El caso Johnny Depp y Amber Heard

18.6.11

"Memorias Perdidas" - PRIMER CAPITULO (completo)

PRIMER CAPÍTULO

Una vida sin amor, una vida vacía...

- ¡Estás pidiendo favor con pistola - me dijo.

Solo quería una oportunidad, poder soñar con algo que nos llevara a un lugar más lejano. Solo sentí la necesidad de quererle.

Si pudiera estar con ella, mirarle a los ojos, las ventanas del alma, estoy seguro que podría gritarle lo mucho que la necesito y hacerle volver.

- ¿Favor con pistola? - pregunté. Volviendo de mis pensamientos.

- Si, Daniel. Quieres algo imposible y además, tienes que tener en cuenta que tú no posees ni bases ni recursos necesarios para darle la vida que se merece.

Ciertamente era así. Aunque en mis bolsillos no había ni un céntimo, mi corazón estaba lleno de amor e incentivo.

- Puedo hacer lo que sea por ella - dije muy seguro.

Mi madre me miro. Estoy seguro que no quería que me siguiera engañando de esa manera.

- Sabes muy bien que no sería suficiente. Pronto se casará y será feliz. Olvídala.

No quería aceptar esa verdad, me cegaba y hacía hervir la sangre el solo pensar que estaría con otro.

- La vida es injusta, - dije con tristeza.

- Ciertamente, lo es. - me acompañó mi madre.

Hace dos días había recibido carta de Rocío, la hermosa deidad que se robaba todos mis suspiros. Me comunicaba su casamiento con el Coronel Blint. Maldito Coronel Blint. Maldito todo su dinero. Maldito él y su existencia.

Me bastó, aunque en su carta reiteraba y aseguraba seguir teniendo un profundo amor por mí ya no podía hacer nada. Solo intentar olvidarla.

Me acosté, no quise pensar, quería caer en la inconciencia y si Dios me daba la dicha despertaría sin un solo recuerdo de su piel, su cabello... de su ser.

- Dios. Hazme olvidar. - y así dormí.




Me sentí diferente cuando me levanté, estaba en mi cuarto si, recuerdo que este es mi cuarto pero… hay algo.

Mi nombre… mi nombre, no recuerdo mi nombre, existe alguna posibilidad de que… mi nombre…

Me levanto de mi cama y se nubla mi vista, fue un movimiento muy rápido, miro hacia fuera por mi ventana los hermosos campos que rodean… ¿Mi casa? ¿Qué año es? ¿Qué día es hoy? ¿Una boda?

¡Espera!

- Buenos días, - me saludo una señora pequeña y menuda, con caminar lento y de cabellos muy, muy negros pegados a la cabeza.

Me voltee en un latido de corazón y mi cabeza dio un vuelco. Me tambalee y la señora, con su caminar lento, se acercó a mi preguntando que me ocurría. No pude contestar, mi cabeza palpitaba por encima mi oído derecho.

- ¿Dónde estoy?, - pregunto pareciendo sereno. Este es mi cuarto, pero…

La pequeña señora me miró con ojos preocupados y yo me preocupo por ella, sin razón, intento calmarla.

- Es solo que me siento un poco diferente. No se espante madame, - Intenté hablar cuando un fugaz recuerdo intento traspasar la barrera que surgió en mi mente y caí de rodillas, el dolor sobre mi oído derecho era insoportable.

La señora se puso de rodillas a mi lado y con un tono dulce pero alarmado decía que me calmara, me llamó Daniel.

…Daniel. Uhmm.

Volvía el taladro a mi cabeza. Mientras más recuerdos llegaban, más dolía.

Intenté dejar la mente en blanco y me levante. Corrí hacia la puerta como pude, tropecé, derribe un cubo de agua que estaba al pie de la escalera, todo la madera se obscureció y humedeció por doquier, escaleras abajo, tropecé con una mesa, todo intentaba parecerme conocido pero el golpeteo sobre mi oído no me dejaba pensar con claridad.

Encontré la salida y tropezando con el tapete de la entrada salí. Los campos llenaban toda la vista hacia el horizonte de un verde y lavanda. El olor a estiércol llegaba desde la parte de atrás de la pequeña casa, de pintura verde manzana descolorido por el sol, un rebaño de unas diez vacas pastaba del otro lado del granero del lado oeste de la casa, las puertas abiertas hacían circular el aire y el olor no era muy agradable. Dos hermosos y enormes caballos descansaban atados a la baranda de la casa, ambos relincharon en cuanto salí. El pitido ceso de repente y solo pude concentrarme en los caballos, que me miraban con ojos totalmente profundos bajo sus largas pestañas.

Intente acercarme a ellos y el golpe en mi oído regreso en cuanto uno de ellos, de un color marrón muy hermoso estiro su hocico para ponerlo bajo mi mano.

¡Maldición!

Me aleje lo más rápido que pude de los animales y corrí en dirección este, donde solo se veía más montaña en el horizonte. Si los recuerdos, o los que parecían ser recuerdos eran los causantes de ese horrible dolor me alejaría de allí, tan solo el tiempo necesario para aclarar mi mente y tratar de pasar el muro.

Podía sentir como me cegaba ese muro, era una sensación extraña pero me sentía muy, muy aliviado.

Camine hasta que mis rodillas y tobillos ardieron, llegué hasta una colina donde un gran árbol de sauco crecía en la cumbre, me recosté y antes de darme cuenta ya estaba dormido.

Desperté con el cuello entumecido por la mala posición en la que dormí. Me detuve a pensar un rato en si debía volver, recordé a la pequeña señora con mirada preocupada y como repetía mi nombre. El dolor volvió de manera insoportable.

No podía pensar en nada de lo que había dejado atrás. El solo recordar los profundos ojos de aquel hermoso animal, ese caballo que se acercó a mí con confianza, necesitaba recobrar el equilibrio. Pero, como averiguaría quien soy y que me pasa si la única persona que aparentemente me conoce la acabo de dejar hace una noche en aquella diminuta casa, sola y preocupada.

El sol estaba saliendo del otro lado de una colina iluminando todo de hermosos colores, a lo lejos, muy lejos, un pico nevado se elevaba en todo su esplendor lanzando colores cuando la luz chocaban en su punta blanca, la nieve la cubría.

Me levanté del suelo y comencé a caminar, rogándole a Dios que guiara mis pasos y me diera respuestas a tantas preguntas que teniéndolas no podía ni siquiera realizar. Que me permitiera descifrar esta incógnita que me tenía como un ciego tratando de encontrar luz. Si no podía controlar ese horrible dolor que me taladra la cabeza cuando intento pensar y rellenar mis lagunas mentales ¿cómo averiguaría que me sucedía?

¡Maldición!




Me desperté debido a la claridad que entraba por la ventana, había un cielo totalmente despejado, una primavera en su entrada triunfal del año 1919. Esta no es la casa donde viví toda mi vida, ahora soy la Señora de Blint y tengo mi casa junto a mi marido, el Coronel George Blint.

Mi familia; mi hermana, mi madre y mi padre se quedaron en aquel pequeño pueblo, en aquella pequeña casa. Toda mi historia ha quedado atrás junto a ellos… junto a Daniel. Este matrimonio va en contra de todas las voluntades que pueda tener, pero por el bien de mi familia y mi futuro mismo tuve que hacerlo, o al menos esa es la única explicación que mi madre repetía cientos de veces, y ya saben lo que dicen, una mentira repetida mil veces puede hacerse realidad.

- ¡Maldición! ¡Rocío! ¡Baja, Ya! – Aquella voz me asustó debido a que acaba de levantarme, se escuchó muy fuerte detrás de la puerta de la habitación. - ¡¿Pretendes holgazanear todo el día?! – Era Blint. Sin duda alguna, con ese fuerte acento inglés.

Como pude quite todo el montón de sabanas que tenía encima y me levanté, la habitación era demasiado ostentosa para mi gusto. Soy una persona un poco más… humilde, esto de verdad era rebasar los límites.

Junto a la pared frente a la cama había un enorme espejo, y un buró, me senté frente al espejo a remediar el lío que tenía hecho en el cabello, tenía enredados todos los rizos que me había hecho la noche anterior, para la noche de mi… boda. Como pude, tome un cepillo, que localicé debajo del buró del lado izquierdo de la cama, - no es un buen lugar para poner instrumentos para el cabello, justo cuando buscaba mis pantuflas – y comencé a peinar cada rizo hasta dejarlo completamente estirado. Coloque unas tiras de la tela que usualmente usaba para rizar mi cabello en cada bucle atándolo cuidadosamente, - me tome mi tiempo – me levante y fui al cuarto de baño.

Aunque no lo crean, estaba conociendo la casa. Entrar al baño fue como entrar en otro mundo. Mi cuarto es nada en comparación con el tamaño de esta habitación. Tenía una bañera inmensa, dicho por él:

- Diseño exclusivo inglés. Nadie más en toda América tiene una bañera como esta, donde más de 4 personas pueden disfrutar de un baño a gusto, - con ese solo comentario se ganó el desprecio de muchas personas de mi localidad.

- ¿Un baño para cuatro personas?, quiere decir, ¿Qué se bañen cuatro personas al mismo tiempo en una misma bañera?

- ¡Yeah!, - todos lo miraban con incredulidad.

Desde ese día, nadie se atrevía a poner un pie ni siquiera unos diez metros de aquella habitación. Aunque Blint me contó que nunca había usado la bañera como lo había contado, se ganó unos cuantos chismes de mal gusto.

Encontré extracto de miel junto al bote de basura. Esta casa era un desastre.

Lo examine por unos segundos para comprobar que en efecto era extracto de miel para el cabello y no cualquier otra cosa asquerosa. De hecho, el bote de extracto estaba sin destapar, verifique la fecha de caducidad, - algo que acaban de implementar hace un poco más de un año - y tenía unos seis meses más de duración, ¡perfecto!, así podía fijar más rápido los rizos y no tardar tanto.

Voltee un poco el bote de extracto para aplicarlo en la palma de mi mano y frotarlo en mi cabello, incliné el borde hacia mi palma… solo cayeron unas cuantas gotas contra mi piel cuando sentí un fuerte empujón en mi brazo derecho.

El bote que tenía en esa mano salió volando y terminó estrellándose contra la pared dejando todo el líquido regado por todas partes. El hombro comenzó a palpitarme, lo tome con mi mano izquierda mientras desorientada trataba de comprender que acababa de ocurrir.

Blint estaba de pie a mi lado con una expresión totalmente atemorizante, su mano izquierda crispada en un puño sostenido delante de mí y sus ojos casi a punto de salirse de la cuenca. Me quedé paralizada. Abrí la boca para hablar pero las palabras no fluyeron por más que quise. Blint dio un paso hacia atrás, respiro profundo, relajo el puño y me miro con expresión atormentada. Me quedé más helada que antes.

- Lo siento, - murmuro viendo el suelo.

Yo seguía muda. Baje la mirada, atónita hacía el reguero que se había hecho con el extracto, la pared, el suelo y el lava manos estaban todos cubiertos de un aceite ambarino.

Blint quiso hablar de nuevo pero lo callé al levantar las manos con las palmas hacia adelante.

- No digas absolutamente nada, - dije, viéndolo a los ojos. – Sé que lo sientes. No te preocupes.

Blint se dio media vuelta con los brazos crispados y los puños apretados. Con los dientes muy juntos me dijo que me apresurara a bajar. Lo hice.

Bajé con paso vacilante, esta casa es enorme y creo que fácilmente pude haberme perdido de no haber seguido el olor de la comida, cruce un gran arco al pie de la escalera, - que después de mirar en varios pasillos al fin encontré – y allí estaba, una gran mesa repleta de comida. No creo que todo fuera solo para nosotros.

Me senté en la punta contraria de donde se sentaba mi esposo después de que con un gesto, que intento hacerlo parecer amable, aun cuando en su mirada seguía habiendo un tinte de rabia por lo ocurrido en aquel enorme baño. La sirvienta se acercó y me sirvió, algo viscoso y verde después de decirme que era puré de brócoli con patatas a la inglesa.

Comimos en silencio y sin mirarnos, bueno, por lo menos yo no lo miré. Me sentía demasiado incomoda en este lugar. No es mi ambiente, no es mi casa, no es el hombre con quien quiero estar.

Blint interrumpió mis pensamientos:

- ¿Qué piensas?, - su mirada me asustó, justo pensaba en Da… no quería ni siquiera pronunciar su nombre, la mirada inquisidora de Blint seguía fulminándome.

- En todo esto, es… demasiado.

- Te mereces esto y mucho más, solo tienes que corresponderme, lo sabes. – Esa mirada febril me helaba.

Sabía que Blint era un hombre de muy mal genio y en lo que me estaba metiendo, así que como dicen en mi pueblo, el que ensilla su caballo sabe hacia dónde lo arrea, debía afrontar mis consecuencias sobre esta decisión.

Mientras la servidumbre, - tantas caras, tantos miradas nerviosas, - ordenaban nuevamente la mesa, llamaron a la puerta. Un hombre alto, moreno, - bastante moreno, - entro con un pequeño bolso sujeto a su cintura y detrás de una pequeña chica.

- El cartero, señor Blint. – Dijo la chica en tono nervioso. Blint no debía ser nada amable con estas pobres personas.

El cartero miro en su bolso y esculco unos segundos hasta encontrar lo que buscaba. Un pequeño sobre de color plateado. Reconocí de inmediato el print ya que en mi antiguo pueblo era el único pueblo que usaba ese tipo de papel y print. Mi corazón se detuvo.

- Carta para la Señora Rocío Blint. – El enorme hombre se inclinó hacia mí haciendo una reverencia mientras que mi corazón metía la sobre marcha y comenzaba a latir desenfrenado.

Blint giro su silla decidido a tomar la carta. En seguida me erguí y me levante de la silla casi volando hasta quedar frente al hombre.

- ¡Gracias!, - dije mientas tomaba la carta en mis manos. El hombre dio un paso atrás y volvía a hacerme una reverencia. Se la devolví. Blint se colocó a mi lado tomándome por la cintura.

- Gracias Keb, - dijo Blint apretándome más contra su cintura. El hombre que respondía al nombre de Keb hizo otra reverencia a Blint, se despidió amablemente y salió.

Blint, aún a mi lado, no había hablado, no había hecho ningún gesto, - que al menos yo notara – pero todo mundo abandonó la habitación en lo que pareció una fracción de segundo.

Sujetándome aún más fuerte, hasta llegar hacerme daño, puso su boca en mi oído:

- Vas a darme esa estúpida carta, ya. – Mi corazón seguía latiendo desbocado. Y si la carta estaba escrita por… No. Imposible.

- ¿Sabes que es delito de estado leer correo ajeno?, - dije tratando de parecer ingenua y divertida.

Suavemente me liberé de su fuerte abrazo y me senté en la silla que hace unos segundos él había ocupado. Se quedó de pie donde lo deje, crispando y apuñando los brazos en sus costados.

- Rocío, no quiero lastimarte de nuevo. Esto no está empezando como de verdad me gustaría. – Dijo sin mirarme.

- Hace un año que estamos juntos y pretendes cambiar de actitud tan drásticamente. ¿Dónde quedó el Blint que me conquistó?, - quise sonar totalmente frustrada y así hacerlo cambiar de tema y olvidarse totalmente de la carta.

- No digas eso, - se volvió lentamente a mirarme y sus ojos seguían tensos. – Sabes que te quiero. Es solo que…

Estaba funcionando.

- No digas más, quédate tranquilo. Subiré a la habitación. – Corrí de manera apresurada, pero tratando de parecer normal. Puse la carta cuidadosamente mientras él estuvo de espaldas en mi bolsillo.

­- ¡Espera!, - me congelé. No puede ser.

- Bajas en medio hora, por favor. No me hagas ir a buscarte de nuevo.

- Claro que sí. Media hora.

En cuanto estuve fuera de su vista, corrí escaleras arriba. Entre a la habitación, después de haberla confundido con dos habitaciones diferentes, y tranque la puerta.

Efectivamente. La carta era… y era esa dirección. Abrí cuidadosamente el sobre, ¿Será él? Me recordé a mí misma que no podía esperar muchas cosas positivas en lo que allí estuviera escrito.

Leí.

Roraima Colina.-

2 comentarios:

  1. :o que dirá la carta?? ya quiero seguir leyendo x)

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  2. escribes muy bien, para tu corta edad y experiencia no me imagino q podras hacer con un poco mas de estudio y experiencia. felicidades.

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