PODCAST "UN POQUITO MÁS" | Último Episodio

Un Poquito Más - Ep. 1 | El caso Johnny Depp y Amber Heard

14.6.11

Nueva Novela - "Memorias Perdidas" - (ADELANTO)

Una vida sin amor, una vida vacía...

- ¡Estás pidiendo favor con pistola - me dijo.

Solo quería una oportunidad, poder soñar con algo que nos llevara a un lugar más lejano. Solo sentí la necesidad de quererle.

Si pudiera estar con ella, mirarle a los ojos, las ventanas del alma, estoy seguro que podría gritarle lo mucho que la necesito y hacerle volver.

- ¿Favor con pistola? - pregunté. Volviendo de mis pensamientos.

- Si, Daniel. Quieres algo imposible y además, tienes que tener en cuenta que tú no posees ni bases ni recursos necesarios para darle la vida que se merece.

Ciertamente era así. Aunque en mis bolsillos no había ni un céntimo, mi corazón estaba lleno de amor e incentivo.

- Puedo hacer lo que sea por ella - dije muy seguro.

Mi madre me miro. Estoy seguro que no quería que me siguiera engañando de esa manera.

- Sabes muy bien que no sería suficiente. Pronto se casará y será feliz. Olvídala.

No quería aceptar esa verdad, me cegaba y hacía hervir la sangre el solo pensar que estaría con otro.

- La vida es injusta, - dije con tristeza.

- Ciertamente, lo es. - me acompañó mi madre.

Hace dos días había recibido carta de Rocío, la hermosa deidad que se robaba todos mis suspiros. Me comunicaba su casamiento con el Coronel Blint. Maldito Coronel Blint. Maldito todo su dinero. Maldito él y su existencia.

Me bastó, aunque en su carta reiteraba y aseguraba seguir teniendo un profundo amor por mí ya no podía hacer nada. Solo intentar olvidarla.

Me acosté, no quise pensar, quería caer en la inconciencia y si Dios me daba la dicha despertaría sin un solo recuerdo de su piel, su cabello... de su ser.

- Dios. Hazme olvidar. - y así dormí.

*****

Me sentí diferente cuando me levanté, estaba en mi cuarto si, recuerdo que este es mi cuarto pero… hay algo.

Mi nombre… mi nombre, no recuerdo mi nombre, existe alguna posibilidad de que… mi nombre…

Me levanto de mi cama y se nubla mi vista, fue un movimiento muy rápido, miro hacia fuera por mi ventana los hermosos campos que rodean… ¿Mi casa? ¿Qué año es? ¿Qué día es hoy? ¿Una boda?

¡Espera!

- Buenos días, - me saludo una señora pequeña y menuda, con caminar lento y de cabellos muy, muy negros pegados a la cabeza.

Me voltee en un latido de corazón y mi cabeza dio un vuelco. Me tambalee y la señora, con su caminar lento, se acercó a mi preguntando que me ocurría. No pude contestar, mi cabeza palpitaba por encima mi oído derecho.

- ¿Dónde estoy?, - pregunto pareciendo sereno. Este es mi cuarto, pero…

La pequeña señora me miró con ojos preocupados y yo me preocupo por ella, sin razón, intento calmarla.

- Es solo que me siento un poco diferente. No se espante madame, - Intenté hablar cuando un fugaz recuerdo intento traspasar la barrera que surgió en mi mente y caí de rodillas, el dolor sobre mi oído derecho era insoportable.

La señora se puso de rodillas a mi lado y con un tono dulce pero alarmado decía que me calmara, me llamó Daniel.

…Daniel. Uhmm.

Volvía el taladro a mi cabeza. Mientras más recuerdos llegaban, más dolía.

Intenté dejar la mente en blanco y me levante. Corrí hacia la puerta como pude, tropecé, derribe un cubo de agua que estaba al pie de la escalera, todo la madera se obscureció y humedeció por doquier, escaleras abajo, tropecé con una mesa, todo intentaba parecerme conocido pero el golpeteo sobre mi oído no me dejaba pensar con claridad.

Encontré la salida y tropezando con el tapete de la entrada salí. Los campos llenaban toda la vista hacia el horizonte de un verde y lavanda. El olor a estiércol llegaba desde la parte de atrás de la pequeña casa, de pintura verde manzana descolorido por el sol, un rebaño de unas diez vacas pastaba del otro lado del granero del lado oeste de la casa, las puertas abiertas hacían circular el aire y el olor no era muy agradable. Dos hermosos y enormes caballos descansaban atados a la baranda de la casa, ambos relincharon en cuanto salí. El pitido ceso de repente y solo pude concentrarme en los caballos, que me miraban con ojos totalmente profundos bajo sus largas pestañas.

Intente acercarme a ellos y el golpe en mi oído regreso en cuanto uno de ellos, de un color marrón muy hermoso estiro su hocico para ponerlo bajo mi mano.

¡Maldición!

Me aleje lo más rápido que pude de los animales y corrí en dirección este, donde solo se veía más montaña en el horizonte. Si los recuerdos, o los que parecían ser recuerdos eran los causantes de ese horrible dolor me alejaría de allí, tan solo el tiempo necesario para aclarar mi mente y tratar de pasar el muro.

Podía sentir como me cegaba ese muro, era una sensación extraña pero me sentía muy, muy aliviado.

Camine hasta que mis rodillas y tobillos ardieron, llegué hasta una colina donde un gran árbol de sauco crecía en la cumbre, me recosté y antes de darme cuenta ya estaba dormido.

Desperté con el cuello entumecido por la mala posición en la que dormí. Me detuve a pensar un rato en si debía volver, recordé a la pequeña señora con mirada preocupada y como repetía mi nombre. El dolor volvió de manera insoportable.

No podía pensar en nada de lo que había dejado atrás. El solo recordar los profundos ojos de aquel hermoso animal, ese caballo que se acercó a mí con confianza, necesitaba recobrar el equilibrio. Pero, como averiguaría quien soy y que me pasa si la única persona que aparentemente me conoce la acabo de dejar hace una noche en aquella diminuta casa, sola y preocupada.

El sol estaba saliendo del otro lado de una colina iluminando todo de hermosos colores, a lo lejos, muy lejos, un pico nevado se elevaba en todo su esplendor lanzando colores cuando la luz chocaban en su punta blanca, la nieve la cubría.

Me levanté del suelo y comencé a caminar, rogándole a Dios que guiara mis pasos y me diera respuestas a tantas preguntas que teniéndolas no podía ni siquiera realizar. Que me permitiera descifrar esta incógnita que me tenía como un ciego tratando de encontrar luz. Si no podía controlar ese horrible dolor que me taladra la cabeza cuando intento pensar y rellenar mis lagunas mentales ¿cómo averiguaría que me sucedía?

¡Maldición!

-.Roraima Colina.

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