
Adelanto
– Vi aquellos ojos azules y supe que me llevarían a encontrar las respuestas a lo que me pasaba. Para mi sorpresa no sentí ni un solo pinchazo de dolor. Mientas pensaba a que se debía este inesperado giro de acontecimientos aquellos ojos se humedecieron al tiempo que aquella señorita estrechaba sus manos con las mías. Sentí una paz en mi alma muy reconfortante.
– ¡Daniel! – estalló aquella bonita joven en sollozos ahogados en lagrimas.
No pude articular palabra, ni silaba, nada. Solo pude concentrarme en esos ojos que me decían algo... un algo escondido bajo una cabellera negra con rizos brillantes adornada con una hermosa flor. Mis ojos comenzaron a observarla de verdad: era más alta de lo que algo dentro de mi estaba esperando, llevaba un lindo y ligero vestido hasta los tobillos, con unas botas trenzadas y su corpiño estaba muy ajustado, acentuando sus pechos, sus pestañas eran más gruesas pero en concordancia casi perfecta con esos ojos tan grises y hermosos como la luz de la luna.
Pero, ¿a que o quién la estaba comparando? ¡Menudo lío!
– ¿Por qué me mira así Daniel? – pronunció con una voz más gruesa que la de... – ¿Te encuentras bien? – dijo sosteniendo mi rostro entre sus manos.
– Dele un poquito de tiempo señorita, – escuché decir al Doctor Hewthorn y justo cuando creí que el corazón se me detendría aquella muchacha, sin soltar mi rostro, concentró su atención en el Doctor y con ojos alarmados le preguntó:
– ¿Le sucede algo malo?
– Estoy bien Cecilia... – susurré tomando sus manos.
No se como, cuando ni de donde salió o se me ocurrió tal nombre pero sentí un pequeñisimo pinchazo bajo mi oreja.
– ¡Daniel! – me llamó de nuevo – ¿Que...?
El Doctor le pidió silencio y me acercó una silla.
–Daniel, muchacho. ¿Te duele?
De repente me di cuenta que tenía los ojos cerrados y los puños fuertemente apretados.
– No, – conteste jadeante.
– Entonces... – comenzó el Doctor.
– Supongo que estaba esperando algo más que un mínimo pinchazo.
Esta joven que respondía al nombre de Cecilia llevaba la viva máscara de la confusión marcada en el semblante.
Roraima Colina.-
No hay comentarios:
Publicar un comentario