Algo
muy cierto que menciona Picón Salas en este ensayo es con respecto a la
educación y cómo somos educados para “copiar” desde la retaguardia y el
vergonzoso hecho de que aún tengamos circunstancias en las que se llame a un
extranjero para que nos dé una cátedra “como se debe”, como dirían algunos
estudiantes porque “ese si debe saber”. Aquí nos hemos acostumbrado a que lo
mejor nos viene de fuera y aún seguimos luchando (unos más que otros) para que
el Venezolano se sienta orgulloso de serlo verdaderamente, no por momentos, que
se sienta un sincero compromiso con el país y no siga educándose con el
pensamiento cultural que tenemos de “estudio y me voy”. Es curioso además cómo
Picón Salas hace uso de su crítica citando un ejemplo cierto sobre mejorar “el hábitat”
universitario comparándolo con una universidad de Estados Unidos y cómo éstas “se
interesan por sus alumnos en un amplio sentido de integración humana”, y llena
sus hojas de mucha razón: cómo nos degradamos, denigramos, debido a estas
circunstancias que nos degradan y nos denigran y terminamos despreciándonos.
Pero
quién no se denigra o desprecia si, siguiendo con vehemencia el bravo
razonamiento de Picón Salas, a cuenta de que tenemos una fuerte historia
político-cultural en las botas de Simón Bolívar, que luchó porque pudiésemos
ser nosotros mismos y vivir con nuestras propias raíces fuera de lo que mandase
un Rey quién sabe dónde, ahora cambió a que nos mande un presidente quién sabe
dónde… a estudiar en “aldeas”, escuelas universitarias que a veces no cuentan
ni con lugares para sentarse, ¿Quién no se sentiría denigrado estudiando así? Y
es así donde el estado se lava las manos, pero como dice Picón Salas: “La
obligación no se cumple con el libre y gratuito acceso a las escuelas públicas;
dijérase que debe abarcar la más amplia defensa de la raza y su preparación
biológica y moral para que actúe con eficacia en el progresivo desarrollo del
país”, porque no es solo ir y escuchar hablar a un profesor, que a veces ni
ellos saben de lo que hablan, también el factor dónde, cuándo y cómo gravita
todo lo demás, ¿Quién presta óptima atención sentado en el suelo en un salón, o
en un pupitre chueco, sin ventanas y el sol cayendo en pleno sobre el techo?
Estas son las circunstancias en las que vivimos y en las ciudades más
desarrolladas vemos estas condiciones; y es a estas y muchas otras condiciones
a las que debemos hacerles frente y reclamar, debemos entender que somos mucho
más que esto y meremos mucho más, no podemos seguir siendo los que simplemente
se sientes ahí a tratar de escuchar a pesar de la incomodidad, el calor y la
degradación.
Roraima Colina.-
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