Se mira el cielo, se contempla y a través de las nubes se trata de buscar la respuesta que tu propio ser no sabe encontrar.
Se piensa, se habla, se ve, se escucha;
La inmensidad te abraza desde el suelo que toca tu espalda,
miras el cielo y en la tarde que cae te acurrucas en su grandeza,
te sientes pequeña, te sientes sola.
La brisa sopla,
las hojas bailan al son que le toca,
tu piel sonríe a su caricia y suspiras al recordar.
Recuerdos que llenan la vida como llenan las estrellas el infinito,
un toque que eriza la piel,
unos labios suaves que una vez fueron locura.
Recostada, con la espalda en la suavidad del suelo, la mirada hacia arriba,
recordando cuan pequeños somos,
recordando que nuestros problemas a veces son diminutos en comparación con otros que empañan la felicidad del firmamento,
recordando cuanto extrañamos reírnos con alguien que quizá ya no quiere reírse con uno.
El cielo se tiñe de rosa,
oscurece y en medio de todo somos conscientes de que el tiempo sigue su curso
y que cada palabra, cada mirada, cada gesto se graba en nuestra memoria
como tinta china derramada en el papel.
y que cada palabra, cada mirada, cada gesto se graba en nuestra memoria
como tinta china derramada en el papel.
Fuiste, eres y serás, de los mejores recuerdos,
que como el cielo,
así de inmenso,
se selló con fuego en el universo.
que como el cielo,
así de inmenso,
se selló con fuego en el universo.
Roraima Colina
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