PODCAST "UN POQUITO MÁS" | Último Episodio

Un Poquito Más - Ep. 1 | El caso Johnny Depp y Amber Heard

9.6.11

Éxito entre tú y yo - Segundo Capítulo

Historia apta para mayores de 13 años. LAS SITUACIONES Y PERSONAJES ¡NO SON REALES!

SEGUNDO CAPÍTULO

Llegué faltando solo cinco minutos para las cuatro y una linda chica esperaba en la puerta.
Sonrió ampliamente al verme.

– ¡Hola!, – me saludo estirando su brazo para darme un apretón de manos – soy Carolina Padrón.
– Mucho gusto Carolina, soy Víctor Drija. Ahora sí puedo decirlo, mucho gusto… – siguió mirándome ampliando aún más la sonrisa.
– Sí. – me contesto mientras daba la media vuelta y entraba al edificio, mecánicamente la seguí. Era una chica un poco más baja que yo, de tez clara y cabellos castaños. No pude dejar de ver su muy dotado pecho.
Serán reales, pensé.
Subimos unas escaleras angostas llegando así al segundo piso, la seguí hasta una pequeña oficina que me mostró como suya de una manera orgullosa.
– Es pequeña, pero tengo mi propio espacio, que ya es genial. – mientras hablaba ordenaba un montón de papeles que tenía sobre el escritorio. Se inclinó para guardar uno de los montones que había apilado en uno de los cajones y sus senos se apretaron en la escotada blusa.
Deja de verla así o pensará que eres un pervertido, pensé.
Levantó el rostro y casi me atrapa mirándola, en una fracción de segundo atrapé su mirada con la mía y ella me sonrió. Puso sobre el escritorio una carpeta sin dejar de mirarme, se sentó y presiono la parte de atrás de un bolígrafo.
– Bueno, esta es la cuestión, – se reclinó sobre su silla muy elegantemente y me invitó a sentarme con un gesto de la mano. Me senté. – queremos usar tu tema “Todo El Mundo” en algunos clips pero no nos dejan usarlo si no tenemos tu firma aquí, – dijo mientras me pasaba la carpeta y el bolígrafo.
– Estás bromeando. – Dije sonriendo, – convénceme, - dije seductoramente. Carolina puso los ojos en blanco y yo me reí de su expresión. Le guiñé un ojo y solo le dije:
– Está bien, – tome la carpeta y el bolígrafo de sus manos. – firmaré.
– Debo decir que esto no me lo esperaba. – Dijo como hablando con ella misma.

Levanté la mirada y me fije que de hecho pensó en voz alta. Me miraba como alguien que ha roto un objeto mira a su dueño cuando lo descubre en la escena del crimen. Le sonreí. Ella se sonrojó y desvió la mirada.
Carolina se levantó de su silla y camino hacia un pequeño termo de café que tenía en una esquina de la pequeña habitación. Tomándolo me dijo;
– ¿Quieres?, – me preguntó mientras se servía.
– No, no soy muy amante del café. Gracias.
Se sirvió y volvió a sentarse.
– Yo sí. A veces este trabajo aunque parezca fácil llega a ser agotador.
– Puedo imaginármelo, – le secundé. – Puedo preguntarte, en ¿qué tipo de clips usaran el tema?
Ella sonrió y acomodándose en su silla me respondió.
– Creí que no preguntarías. – Me encogí de hombros, – estaremos haciendo un resumen de la copa de 2006 y como tu tema fue el tema himno aquí en el país de ese tiempo…
Se quedó callada a esperar que yo respondiera. Esta mujer tiene unos labios hermosos.
– Sí, claro. – Igual, ya había firmado. Le puse la carpeta y el bolígrafo en sus manos mientras me levantaba.
Ella me siguió mientras, me daba media y vuelta veía el reloj, eran las 6 de la tarde, 6:05 para ser exactos, tenía diez minutos, mínimo para llegar a casa de Oriana. Me despedí rápidamente de Carolina. Se acercó a mí para despedirse con un beso en la mejilla, ese perfume…


Atravesé Caracas hasta la casa de Oriana pensando en todo lo que iba a decirle. Tenía momentos de blackouts cuando los ojos de aquella chica, Carolina, aparecía en mis pensamientos.
Aparqué en frente de su edificio, ella me esperaba sentada en el lobby del lugar. No me sonrió ni se levantó. Me acerque a ella y me senté a su lado.
– Dime que se terminó, ya de una vez. – Me dijo casi en un susurro.
Lo que tenía planeado decirle se fue al demonio.
– No quiero hacerlo, – ella apretó los ojos. – Mírame, – le dije mientras hacía que me mirara tomándola por la mejilla. – Me estás obligando, estás muy extraña y ya no lo soporto.
– Perdón. – Susurró tras unos segundos.
– No tienes que pedir perdón por nada. Solo me gustaría saber qué pasa.
– Es que… – se enrojeció.
– Dime, amor.
Me miró fijamente a los ojos. Su mirada me caló hasta los huesos.
– Sabes lo que me pasa, y lo sabes muy bien. – Dijo de repente bajando la mirada y apretando los puños a los costados. Respiró profundo y continuó. – Sabes que me da muchísimo miedo que después de que me entregue a ti, me dejes.
Me dejó en una pieza, ¿Creía que la iba a dejar?
– ¿Por qué crees eso?, – le pregunte con el rostro sereno.
– Es que… – antes de que fuera hablar le interrumpí. Me ofendió que pudiera creer eso de mí.
– Sabes que te quiero y que te entregues a mi haría que te amara muchísimos más. Me entregaría inmensamente, enamorado inmensamente de ti.
Ella me miró por lo que duró un latido de corazón y me sujeto de la mano.
– Subamos, – me dijo levantándose.
Estaba mudo y la adrenalina comenzaba a correr por mis venas.
Subimos callados y sin mirarnos. Tomados de las manos, escalón por escalón.
Llegamos al apartamento y ella cerró tras de nosotros.
Cuando me disponía a cruzar la sala y encararla, ella me sostuvo del brazo y levantando su rostro comenzó a besarme.
¿Estaba haciendo lo que creía que hacía?
La aparté con un movimiento suave y le pregunté:
– ¿Estás haciendo esto porque no quieres perderme o porque de verdad lo quieres? – su mirada ardía.
– Las dos cosas, – me respondió volviendo a besarme. – No quiero perderte, ¿todavía quieres terminar?
Me voltee a intentar pensar rápidamente y el refrigerador quedó delante de mí. En la base de la puerta estaba una nota que decía;

“Llegaremos mañana en la tarde, tú hermana se quedará en casa de Marie. Te queremos.
Mamá y Papá.”

Me quedé pensando un segundo y las ganas me ganaron ante todo.
– No, no quiero terminar. Pero esta vez las cosas se harán a mi manera.


Autor: Roraima Colina.
Colaboración: Geraldine Arias

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