PODCAST "UN POQUITO MÁS" | Último Episodio

Un Poquito Más - Ep. 1 | El caso Johnny Depp y Amber Heard
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15.3.12

Éxito entre tu y yo - Sexto Capítulo

— Vamos a salir hoy, — Gabriel sostenía por los hombros a George y lo zarandeaba.
— Está bien, está bien. — Le respondía mi hermano tratando de zafarse. Me uní a Gabriel con un empujón.

Volvimos a casa, Arán se nos unió llevando a Rosmeri, esos dos no se separaban ni para la esquina. Y para culparlos…

Solo despejé mi mente luchando por pasar un buen rato esta noche.

SEXTO CAPÍTULO
Entradas la una de la madrugada creo que ya comenzaba a borrarme, para algo me estaba sirviendo el alcohol, aunque no soy de mucho tomar esta noche era diferente, si el día lo había sido por qué no la noche.
Bailaba tranquilamente cuando me tropecé con unos tacones, creí haberla visto antes, ella me sonrió como si así era, le devolví una sonrisa cortés y seguí mi camino.
A pesar de la hora ésta parte de la ciudad estaba en movimiento, las luces del local se movían, titilaban y alumbraban cada rostro que mi visión captaba. Todo era sonrisas, gritos y mucho baile, felicidad en todas parte, ¿por qué la vida no puede ser así? Toda una fiesta, risas y alegría.
En realidad la mitad de todos aquí ya no tenían conciencia, seguramente mañana… o bueno, hoy, en un par de horas no recordarían a quien vieron, con quien hablaron, bailaron o coquetearon. Otra razón por la que me pregunto, ¿por qué no puede la vida ser así?
— Que mujer tan hermosa, — oí la voz distraída de mi hermano.
— ¿Dónde? — le pregunté siguiendo la dirección hacia donde él miraba.
— Padrón, incluso más que en la televisión — en cuanto me dijo el apellido me encontré con ese par de ojos que había visto en aquella oficina y que desde hace casi tres semanas no dejaba de ver en las noticias.
Carolina Padrón…
— Por eso la ves tanto en la televisión, ¡Claro! — George se carcajeo y volvió a mirar al frente como si no hubiera dicho nada. Yo la miré por varios segundos y de repente sus ojos se posaron en los míos. Me sonrió con ganas, bajó la mirada y volvió a hablar con sus amigas.
Me quedé embobado mirando como las luces hacían brillar su cabello y el color carmín que llevaba en los labios.
— Tienes saliva, límpiate — Rosmeri se burlaba de mi fingiendo limpiar mis babas. Me reí de mi mismo y volví a unirme a mis amigos.
George bailaba en medio de la pista, enseñándole unos pasos a Aran y Jorge, ambos con par de pues izquierdo eran la diversión del momento.
Me levanté de donde estaba y fui a unirme a ellos, sin prestarle atención ni a “ella” ni a “él”.
Geo y yo nos reíamos tratando de hacerle captar los pasos a los chicos. Incluso me reía con Sheryl, cuando me había dicho a mí mismo alejarme de ella.
«Y hasta aquí recuerdo»

****
Mi prima Giselle me sorprendió entrando al cuarto mientras dormía, dejando estrepitosamente un conjunto sobre mi cama, me tapó las piernas con él. Me estiré y con toda la calma del mundo me levanté, ella me lanzó una mirada colérica al verme poco entusiasmado por ver qué era lo que me había dejado sobre las piernas.
Era un conjunto de esos típicos de una tienda Louis Vuitton usados por esos tiesos maniquís con posición poco humana en las vidrieras de un centro comercial. Lo detalle por unos segundos y le bufé.
— ¿Quién te dio esto? — no pude reprimir una carcajada.
— Un amigo, — me respondió abriendo de par en par la ventana. Se volteó y había una sonrisa pícara en su rostro, algo estaba tramando.
— Está horrible, ¿Y dices que te lo dio un amigo? se está burlando de ti, de eso seguro. — El conjunto era de color canela, los pantalones era más bien leggins de esos que no se usan desde el siglo XVIII, con unos zapatos que le hubiera lucido excepcionalmente al Rey Arturo en su época, llevaba una camisa blanca con chaqueta de caqui, color crema, más clara que el "pantalón" «si es que eso es pantalón», una bufanda ¡roja! y un sombrero muy poco varonil.
— No es para mí — su sonrisa brillo aún más con una locura errante en la mirada.
Me hizo lo apuntó con la barbilla.
— ¿Qué? — esa cosa horrenda, según ella, era para mí. — ¡NO!
Giselle se carcajeo ruidosamente y se sentó en el sillón que está junto a mi cama.
— Pruébatelo, vamos. ¡Es un Prada!
«Ni de broma»
— ¡No voy a ponerme eso! ¿Estás loca?
— Vamos, Vic. Es muy chic, está muy de moda en Europa. — Su labio inferior sobre salió de una manera exagerada.
— Esa carita de Gato con Botas no va conmigo, — le hice un mohín y volví a meterme en la cama.
Giselle me observó durante un momento, creo que estaba maquinando de que manera convencerme para ponerme aquellos trapos que si bien podían estar de moda en la China, ¡Era en la China! no acá.
— Cierra la ventana cuando salgas, por favor. — Le dije cubriéndome de nuevo con las sábanas.
«Ni en mis días libres puedo dormir un poco más, que triste.»
Zapateo ruidosamente cerrando la ventana y salió dando un fuerte portazo.
«¡Que malcriada!»
— ¡Solo quería que te vieras bien para la fiesta de ésta noche, Carolina Padrón — dijo el apellido con un énfasis casi amenazante — está muy entusiasmada por verte. Pero ya que...!
¿Cómo esperaba que soltara esa bomba y yo no hiciera nada?, Giselle me conocía muy bien y sabía que de alguna u otra manera me convencería, y de un tiempo para acá yo estaba más pendiente de esa Carolina que de cualquier otra en la vida.
— ¿Qué? — le grité pero volvió a batir la puerta.
Me levanté de un salto arredrándome con las sabanas y tirando el conjunto al suelo, me hizo gracia pensar en la cara de Giselle al verme como lo pisoteé en un intento por no perder el equilibrio.
— ¡GISELLE! — la llamé desde la puerta, para mi sorpresa y posterior vergüenza, la muy manipuladora estaba de brazos cruzados del otro lado de la puerta con su anterior sonrisa de suficiencia.
Le entorné los ojos y me di la vuelta, su carcajada entró en la habitación, suspiro ruidosamente al ver el traje en el suelo.
— Espero que no lo hayas estropeado, — lo levantó y lo coloco en mis manos — ve y pruébatelo.

El peor ridículo de la historia sería que ella pretendiera que yo saliera usando eso.
— Pero si estás hermoso.
— Parezco muñeco de torta Gis.
— Y uno muy chic.
Le dedique un mohín enorme mientras dejaba de verme al espejo, era demasiado humillante solo imaginarme salir usando ese estúpido sombrero y esa bufanda que ni siquiera combinaba.
— No sabes nada de moda, — me atacó ésta gordita diabólica, ¿creía que eso me iba a ofender?
Me reí muy fuerte negándole con la cabeza.
— No, no sé. Lo que sí sé es que no voy a usar esto.
— ¡Vamos! ¡Por Carolina? — casi se pone de rodillas y junto las manos en gesto de súplica.
— Hagamos un trato, ¿de acuerdo?
Ella lo sopeso un momento.
— De acuerdo, — dijo entornando los ojos.
— Me pongo la camisa y la chaqueta... — esperé unos segundos a ver con que me refutaba pero para mi sorpresa me dejó continuar — pero nada más.
Ella me sonrió con gesto de suficiencia.
— Esperaba que dijeras eso, — la miré con sospecha — en realidad el conjunto no es conjunto, solo te traía la chaqueta y la camisa, lo demás es mío, — su carcajada retumbo en la habitación donde apareció George con una cámara totalmente bañado en lagrimas por la risa. — Solo quería verte así de hermoso.
El flash de la cámara que traía Geo en las manos me cegó.
— Esto quedará guardado en el baúl de los recuerdos.
Los dos reían ruidosamente, respiré hondo y pausadamente:
— Perfecto, — salí de la habitación derechito a quitarme esos trapos. Por lo menos tenía la bendita chaqueta y camisa. — Gracias primita bella, — dije con todo el sarcasmo del mundo. Me metí en mi cama de nuevo ignorándolos completamente. Sus risas se detuvieron de repente.
— Hermano, no te enojes, — dijo Geo tratando de reírse de nuevo.
— Geo, — le dije volviéndome para mirarlo — hermano, necesito dormir. Hablamos ahorita. Y gracias por la ropa prima. — De verdad estaba agradecido, aunque la bromita después me la pagarían.
Salieron sonriendo aunque un poco afligidos, si les hubiera seguido el juego estuvieran partiéndose las costillas de risa dos semanas seguidas más.

****
Desperté a eso del medio día, desesperado por verla en las noticias.
Que sexy podía llegar a verse una mujer hablando de fútbol, la comentarista de deportes más hermosa del mundo.
— Te vas a volver loco, — se sentó George a mi lado con un bol lleno de cotufas bien saladas, como nos gusta. — Es que ya sabes, si no se rompe el paladar entonces no se comió cotufas.
Le tiré el bol de las manos, haciendo un reguero de maíz blanco sobre el sofá.
— ¿Ves? Ya estás loco.
— Jaja. Y tú envidioso, — estaba a punto de salir y dejarlo con su desorden.
— ¿Envidioso? Di tú…
— Digo… Yo estoy soltero y tú no.
Lo dejé pensando en el asunto y salí con mi sonrisota pegada en el rostro.
Aran haría su fiesta de cumpleaños hoy, era sábado y no iría a trabajar en mi disco sino hasta el lunes.
Sin embargo, tampoco tenía pensado ir, no quería verla… o tal vez si, si no fuera porque Geo estaba aquí quizá no hubiera ido.
¿…Y perderme de la parejita feliz llegar a la fiesta?
Oriana llegó tomada del brazo de su ahora, aparentemente, inseparable prometido. Venía feliz, luciendo un bonito vestido adornado de una brillante sonrisa.

Disculpen lo poco, espero sus teorías, ¿Qué pasará? Jaja! Nos leemos ;)

Roraima Colina.-

6.2.12

Éxito entre tu y yo - Quinto Capítulo

Las luces del estudio se encendieron haciendo que Sheryl y yo paráramos de besarnos.
Levanté el rostro y Oriana nos miraba con los ojos como platos.
Ésta me dijo todo con el rostro. Mil y una emociones cruzaron por su semblante y rompió a llorar.
— ¡Espera! —, comencé a gritarle mientras me zafaba de los brazos de Sheryl y corría tras ella, — ¡ORIANA!
Ella se detuvo en seco y la mirada con la que me fulminó me desencajó la vida, no pude decirle nada, me limité a devolvérsela.
— Me parece justo. No digas nada, no es necesario. Todo esto es mi culpa.
Pues ella tenía razón y no la iba a contrariar.
— Lo siento —, solo pude decirle.
— No sientas nada. Solo piensa bien lo que haces con Sheryl.
— Adiós —, me dijo escondiendo los ojos en total signo de resignación.
...Perfecto. Ahora no sufría yo solo.
No podía pensar que se había llevado su merecido, porque aunque sufría como un loco, verla llorar me dolió bastante. Igual y no podía quebrarme por unas cuantas lagrimitas que soltó, por qué no pensó en eso cuando me estaba siendo infiel, cuando se burlaba de mí.
— ¡Qué pena! —, soltó Sheryl a mis espaldas. Que niña tan egoísta.
— ¿Pena? — quería hacerla sufrir, de verdad quería que Sheryl llorara por mí. Nacieron en mí unas ganas de aprovecharme de ella irremediables.
¿Egoísta ella? ¡Egoísta estaba siendo yo!
— Si, pobre Oriana. Me siento muy mal. — Sheryl no fingió para nada que esa frase de "me siento muy mal" fue simple sarcasmo y que en realidad no le importaba en lo más mínimo lo que Oriana sintiera o no.
La miré por lo que parecieron 10 minutos completos con la decepción marcada en el rostro. No quería seguirla mirando, Oriana tenía razón, no estaba midiendo bien las consecuencias de esto. Debía marcharme.
— ¿A dónde vas? — me preguntó Sheryl al verme dirigirme a la salida.
— Perdóname, — estaba pidiendo demasiado perdón para mi gusto. — Debo irme.
Sheryl me observó desde el umbral del estudio y con ademán despreocupado simplemente se giró y entró. Y yo pensado en ella como "una niña virginal".
Que amarga forma de darme cuenta que nada en esta vida es rosas y caramelos, incluso las rosas tienen sus buenas espinas y los caramelos, un envoltorio capaz de demorarte en tu fin de saborear el dulce.

Mi hermano me dio una gran sorpresa al recibirme en la puerta de mi apartamento, había venido desde Nueva York a visitarnos, ¡no pudo llegar en mejor momento!
— ¡George! — grité fuertísimo cuando vi esa narizota.
— ¡Ey! — me miró con una fuerte carcajada mientras yo me le lanzaba encima directo a abrazarlo.
— Jaja, no puedes vivir sin mí, lo sé. — Me dijo en claro tono de burla. Pero lo cierto es que es así. No puedo vivir sin él y llegó en el mejor momento del mundo. — ¡NARIZÓN!
— El burro hablando de orejas — le respondí jalándolo de la naríz.
Nos reímos muy fuerte un rato, saludándonos y preguntándonos como nos iba en la vida, mi madre apareció en el umbral de la puerta casi en llanto al ver la cara de George.


Cuando estaba acá en Venezuela dormíamos juntos…
— Pero no revueltos, — me dijo con sus dientes pelados. Le di un puñetazo en el hombre y lo empujé hasta entrar al cuarto, traía su camiseta del Real Madrid…
— Como buen Madridista, — me dijo levantando el mentón como quien presume de un trabajo bien hecho.
— Claro, descarado y medio. ¡Pena debería darte! — me hizo mala cara y entró al baño a darse un ducha.
Yo salí hasta la sala, la sonrisa se me borró enseguida. La que me apareció al ver a George se nubló al recordar todo lo que me había pasado en éste fatídico día.
Mi madre captó en el acto mi cara de fastidio. Me senté a su lado luego de que me mirara con gesto de duda.
— Termine con Oriana, — le solté sin anestesia.
Mi Anita, mi madre querida me miró y me regaló un abrazo que me acunó el alma, esto era lo justo que me hacía falta. Nada de juzgarme solo escucharme.
— Se va a casar, — así era mi madre. Sin tener que preguntarle siempre le terminaba contando toda la historia. — Un tal José… que ¡Maldita la ho…!
— Shhhh, — me hizo callar abrazándome más fuerte.
— Se va a casar, mamá. — Le dije para que entendiera mi enojo, — y no fue capaz de avisarme antes, por lo menos, por decencia. ¡Qué sé yo!
— ¿Hablaron?
— Si…
Ella solo hizo silencio y yo solito le solté todita la sopa, ¡Incluso la metida de pata con Sheryl!
— Hijo, — comenzó pero yo me levanté para verle el rostro. — Tranquilo, entiendo, ¿Qué piensas hacer?
Me quedé un rato pensando y le sonreí.
— Vivir, — mi mente de repente se despejó un poco. — Esto no puede cambiar mi vida, ni mi forma de proceder. Ya llegará la indicada… ¿Cierto, mamá?
— Así es, Víctor. Eres mi niño sabio… ¿Ves? Solo hay que calmar los ánimos, una cabeza fresca piensa mejor. — Tan bella mi madre, sin prejuicios, sin juzgarme, sin regañarme logró aconsejarme mejor que nadie.
— Tú eres la sabia mamá. — La abracé muy fuerte y me levanté. Ella me lanzó un beso en cuanto salía.
George salía del cuarto en ese momento.
— ¡Voy contigo!
— Obvio.


Llegando a Mata de Coco, los primeros ojos que vi fueron los de Sheryl. La niña bajó la mirada en cuanto me vio, saludó a George y luego a mí con una vergüenza que no me mostró para nada hace unas cuantas horas.
Geo me miró con el ceño fruncido y haciéndome preguntas con la mirada, lo esquivé y continué mi camino a grabación, a meterme en mi papel usual de Víctor, con mí peinado tan Groovie y mis pasos de rock ‘n’ roll.
Las grabaciones estaban por terminar y ya solo me faltaban tres gloriosos días para descansar. Iba a extrañar muchísimo esto, a mis compañeros, el tener que trabajar 20 horas al día y sobre todo, hacer lo que me gusta.
— ¿Y cómo va el lanzamiento al solitario? — me preguntó mi hermano sentado a mi lado mientras me levantaban mi copete estilo años 50.
— Bien
— ¿Bien, ¡Bien! O Bien, mal?
— Bien, bien. Comenzaré a grabar los temas en dos semanas.
— ¿Firmaste y todo? ¿Ya? — su cara de decepción fue un poema, con puchero y todo.
— Jaja, gafo. Si, hace dos días. Lo que pasa es que con todo el tema éste de tú sabes quién andaba en la luna.
— Si, ya me di cuenta. — George me hizo un mohín y se reclinó en la silla. — Tu sueño opacado por eso. No se puede decir, “Ay, que horrible” pero tampoco se puede decir, “Ay, qué lindo”. — Se internó en sus pensamientos, como siempre lo hacía y yo me miré al espejo. Con el mismo dilema que mi hermano estaba cavilando.
Se puede decir que soy un patético por dejar a un lado el sueño de toda mi vida, restarle importancia a tal magnitud por una mujer, pero, tal vez otros dirán… eso es amor, eso es de hombres… ¿O no? ¡NO! Eso es de estúpidos, para lo que me sirvió el dichoso amor…
— Víctor, — me llamó la voz a la que más le temía en estos momentos. Se me erizó el cabello del brazo izquierdo por donde se me acercó. Esto era un rencor-amoroso-desdichado que crecía y crecía, en conclusión un montón de sentimientos que se me encontraban en un mismo punto.
Oriana, vestida como su personaje me miraba con la culpa titilando como en luces de neón verdes en la frente.
— Tú última escena conmigo, — dijo muy bajito.
La mire con y le dediqué una última sonrisa de amor. De ahora en adelante quedaba perdonado… o eso intentaría. Nada de rencores, su vida por un lado y la mía por el mío.

Una escena simple, sin muchas zalamerías y terminó.
Totalmente diferente a nuestra última escena.

George se sentaba junto a Sheryl durante la escena, cuando terminé me giré para dirigirme hacia él y éste estudiaba minuciosamente a Sheryl, no pude contener la risa y me senté a su lado empujándolo por un lado. Éste me devolvió el golpe riendo aún más fuente. Sheryl simplemente frunció el ceño y me miró con fuego mientras Geo se levantaba para saludar a Gabo.
Le sostuve la mirada hasta que Gabriel se inclinó a llamar la atención de Sheryl y saludarla igualmente, con una actuación grandísima su mirada hacia mí se volvió apenada mientras ponía la mejilla para saludar.
Que le sucedía, no tengo idea, pero me estaba dejando en claro que debía llevarme con mucho cuidado con ella.

— Vamos a salir hoy, — Gabriel sostenía por los hombros a George y lo zarandeaba.
— Está bien, está bien. — Le respondía mi hermano tratando de zafarse. Me uní a Gabriel con un empujón.

Volvimos a casa, Arán se nos unió llevando a Rosmeri, esos dos no se separaban ni para la esquina. Y para culparlos…

Solo despejé mi mente luchando por pasar un buen rato esta noche.

Roraima Colina.-

2.2.12

Éxito entre tu y yo - ADELANTO

Historia apta para mayores de 13 años. LAS SITUACIONES Y PERSONAJES ¡NO SON REALES!

QUINTO CAPÍTULO - ADELANTO

Las luces del estudio se encendieron haciendo que Sheryl y yo paráramos de besarnos.
Levanté el rostro y Oriana nos miraba con los ojos como platos.
Ésta me dijo todo con el rostro. Mil y una emociones cruzaron por su semblante y rompió a llorar.
— ¡Espera! —, comencé a gritarle mientras me zafaba de los brazos de Sheryl y corría tras ella, — ¡ORIANA!
Ella se detuvo en seco y la mirada con la que me fulminó me desencajó la vida, no pude decirle nada, me limité a devolvérsela.
— Me parece justo. No digas nada, no es necesario. Todo esto es mi culpa.
Pues ella tenía razón y no la iba a contrariar.
— Lo siento —, solo pude decirle.
— No sientas nada. Solo piensa bien lo que haces con Sheryl.
— Adiós —, me dijo escondiendo los ojos en total signo de resignación.
...Perfecto. Ahora no sufría yo solo.
No podía pensar que se había llevado su merecido, porque aunque sufría como un loco, verla llorar me dolió bastante. Igual y no podía quebrarme por unas cuantas lagrimitas que soltó, por qué no pensó en eso cuando me estaba siendo infiel, cuando se burlaba de mí.
— ¡Qué pena! —, soltó Sheryl a mis espaldas. Que niña tan egoísta.
— ¿Pena? — quería hacerla sufrir, de verdad quería que Sheryl llorara por mí. Nacieron en mí unas ganas de aprovecharme de ella irremediables.
¿Egoísta ella? ¡Egoísta estaba siendo yo!
— Si, pobre Oriana. Me siento muy mal. — Sheryl no fingió para nada que esa frase de "me siento muy mal" fue simple sarcasmo y que en realidad no le importaba en lo más mínimo lo que Oriana sintiera o no.
La miré por lo que parecieron 10 minutos completos con la decepción marcada en el rostro. No quería seguirla mirando, Oriana tenía razón, no estaba midiendo bien las consecuencias de esto. Debía marcharme.
— ¿A dónde vas? — me preguntó Sheryl al verme dirigirme a la salida.
— Perdóname, — estaba pidiendo demasiado perdón para mi gusto. — Debo irme.
Sheryl me observó desde el umbral del estudio y con ademán despreocupado simplemente se giró y entró. Y yo pensado en ella como "una niña virginal".
Que amarga forma de darme cuenta que nada en esta vida es rosas y caramelos, incluso las rosas tienen sus buenas espinas y los caramelos, un envoltorio capaz de demorarte en tu fin de saborear el dulce.

Roraima Colina.-

26.9.11

"Éxito entre tu y yo" - Adelanto

Adelanto

El set estaba vacío, por alguna razón llegue aquí, mi subconsciente me trajo a este lugar.

Entre y todo estaba en silencio, una extraña sensación ya que era normal entrar a Tree Coc y escuchar mucho movimiento y alguien gritando “¡Acción!” en algún lugar del salón.

Escuche el crujido de una puerta al abrirse y sin pensarlo me dirigí allí. Quería encontrar a alguien… me detuve en seco: ¿y que si encontraba a alguien?, me dije que debía calmarme. No me había dado cuenta de lo fuerte que sostenía mi celular, apretado en un puño.

Mire mis dedos y lentamente los abrí, respiraba aceleradamente: ¡Mierda! Hubiera matado a alguien. Respire profundo, la puerta que tenía en frente se abrió.

Annie atravesó la distancia que nos separaba con el ceño fruncido, se colocó delante de mí poniéndose de puntitas para mirarme a los ojos, de no ser porque llevaba un montón de ropa y cinturones en las manos habría levantado sus brazos para hacerme mirarla.

— ¡Hey! — me gritó con el rostro a pocos centímetros del mío.

Baje los ojos hasta encontrarme con los de Annie, que brillaron con un verde claro intenso en cuanto la miré. Sus brazos se colgaron a sus costados cuando sin pensarlo la tome entre mis manos y aplaste sus labios con los míos en un beso más feroz de lo que habría imaginado. Annie dejó caer todo lo que llevaba en los brazos quedando inerte entre los míos.

La bese hasta que como un clic se envaró y con un empujón me apartó.

— ¿Qué diablos haces? — su mirada echaba fuego.
— Besarte, — dije sin pensarlo.
— ¿Por qué? — subió unas 2 octavas su tono de voz.
— Porque quiero, ¿Por qué más? — di dos pasos hacia ella y ella se enderezo, levantó la barbilla con gesto desafiante.
— ¿Y qué te crees tú para venir así y hacer eso? — cruzó los brazos y se plantó muy confiada de que su resolución me desarmara.

Algo en mi venas fluía denso y rápido, sentí el pulso acelerarse. Por alguna razón su resistencia me excitó.

— Annie…
—Matt — levantó una ceja interrumpiéndome con tono petulante. ¡Maldición! Su mirada me caló hasta los tuétanos.

De repente recordé a Mell sobre aquella mesa gimiendo y gritando mi nombre, durante un segundo creí que era ella pero la visión cambió en un latido de corazón y a quien veía en esa mesa no era Mell... sino Annie.

— Annie, — camine de nuevo hacia ella con un brazo extendido. Mi expresión no debía ser lo dulce que intentaba expresar ya que me miraba con suspicacia.
— ¿Qué haces? ¿Perdiste la cabeza? — dijo pero me sorprendió al tender su mano hacia la mía.
— No tengo idea, — dije honestamente — ven.

Tome su mano y ella confiada no me soltó.

9.6.11

Éxito entre tú y yo - Segundo Capítulo

Historia apta para mayores de 13 años. LAS SITUACIONES Y PERSONAJES ¡NO SON REALES!

SEGUNDO CAPÍTULO

Llegué faltando solo cinco minutos para las cuatro y una linda chica esperaba en la puerta.
Sonrió ampliamente al verme.

– ¡Hola!, – me saludo estirando su brazo para darme un apretón de manos – soy Carolina Padrón.
– Mucho gusto Carolina, soy Víctor Drija. Ahora sí puedo decirlo, mucho gusto… – siguió mirándome ampliando aún más la sonrisa.
– Sí. – me contesto mientras daba la media vuelta y entraba al edificio, mecánicamente la seguí. Era una chica un poco más baja que yo, de tez clara y cabellos castaños. No pude dejar de ver su muy dotado pecho.
Serán reales, pensé.
Subimos unas escaleras angostas llegando así al segundo piso, la seguí hasta una pequeña oficina que me mostró como suya de una manera orgullosa.
– Es pequeña, pero tengo mi propio espacio, que ya es genial. – mientras hablaba ordenaba un montón de papeles que tenía sobre el escritorio. Se inclinó para guardar uno de los montones que había apilado en uno de los cajones y sus senos se apretaron en la escotada blusa.
Deja de verla así o pensará que eres un pervertido, pensé.
Levantó el rostro y casi me atrapa mirándola, en una fracción de segundo atrapé su mirada con la mía y ella me sonrió. Puso sobre el escritorio una carpeta sin dejar de mirarme, se sentó y presiono la parte de atrás de un bolígrafo.
– Bueno, esta es la cuestión, – se reclinó sobre su silla muy elegantemente y me invitó a sentarme con un gesto de la mano. Me senté. – queremos usar tu tema “Todo El Mundo” en algunos clips pero no nos dejan usarlo si no tenemos tu firma aquí, – dijo mientras me pasaba la carpeta y el bolígrafo.
– Estás bromeando. – Dije sonriendo, – convénceme, - dije seductoramente. Carolina puso los ojos en blanco y yo me reí de su expresión. Le guiñé un ojo y solo le dije:
– Está bien, – tome la carpeta y el bolígrafo de sus manos. – firmaré.
– Debo decir que esto no me lo esperaba. – Dijo como hablando con ella misma.

Levanté la mirada y me fije que de hecho pensó en voz alta. Me miraba como alguien que ha roto un objeto mira a su dueño cuando lo descubre en la escena del crimen. Le sonreí. Ella se sonrojó y desvió la mirada.
Carolina se levantó de su silla y camino hacia un pequeño termo de café que tenía en una esquina de la pequeña habitación. Tomándolo me dijo;
– ¿Quieres?, – me preguntó mientras se servía.
– No, no soy muy amante del café. Gracias.
Se sirvió y volvió a sentarse.
– Yo sí. A veces este trabajo aunque parezca fácil llega a ser agotador.
– Puedo imaginármelo, – le secundé. – Puedo preguntarte, en ¿qué tipo de clips usaran el tema?
Ella sonrió y acomodándose en su silla me respondió.
– Creí que no preguntarías. – Me encogí de hombros, – estaremos haciendo un resumen de la copa de 2006 y como tu tema fue el tema himno aquí en el país de ese tiempo…
Se quedó callada a esperar que yo respondiera. Esta mujer tiene unos labios hermosos.
– Sí, claro. – Igual, ya había firmado. Le puse la carpeta y el bolígrafo en sus manos mientras me levantaba.
Ella me siguió mientras, me daba media y vuelta veía el reloj, eran las 6 de la tarde, 6:05 para ser exactos, tenía diez minutos, mínimo para llegar a casa de Oriana. Me despedí rápidamente de Carolina. Se acercó a mí para despedirse con un beso en la mejilla, ese perfume…


Atravesé Caracas hasta la casa de Oriana pensando en todo lo que iba a decirle. Tenía momentos de blackouts cuando los ojos de aquella chica, Carolina, aparecía en mis pensamientos.
Aparqué en frente de su edificio, ella me esperaba sentada en el lobby del lugar. No me sonrió ni se levantó. Me acerque a ella y me senté a su lado.
– Dime que se terminó, ya de una vez. – Me dijo casi en un susurro.
Lo que tenía planeado decirle se fue al demonio.
– No quiero hacerlo, – ella apretó los ojos. – Mírame, – le dije mientras hacía que me mirara tomándola por la mejilla. – Me estás obligando, estás muy extraña y ya no lo soporto.
– Perdón. – Susurró tras unos segundos.
– No tienes que pedir perdón por nada. Solo me gustaría saber qué pasa.
– Es que… – se enrojeció.
– Dime, amor.
Me miró fijamente a los ojos. Su mirada me caló hasta los huesos.
– Sabes lo que me pasa, y lo sabes muy bien. – Dijo de repente bajando la mirada y apretando los puños a los costados. Respiró profundo y continuó. – Sabes que me da muchísimo miedo que después de que me entregue a ti, me dejes.
Me dejó en una pieza, ¿Creía que la iba a dejar?
– ¿Por qué crees eso?, – le pregunte con el rostro sereno.
– Es que… – antes de que fuera hablar le interrumpí. Me ofendió que pudiera creer eso de mí.
– Sabes que te quiero y que te entregues a mi haría que te amara muchísimos más. Me entregaría inmensamente, enamorado inmensamente de ti.
Ella me miró por lo que duró un latido de corazón y me sujeto de la mano.
– Subamos, – me dijo levantándose.
Estaba mudo y la adrenalina comenzaba a correr por mis venas.
Subimos callados y sin mirarnos. Tomados de las manos, escalón por escalón.
Llegamos al apartamento y ella cerró tras de nosotros.
Cuando me disponía a cruzar la sala y encararla, ella me sostuvo del brazo y levantando su rostro comenzó a besarme.
¿Estaba haciendo lo que creía que hacía?
La aparté con un movimiento suave y le pregunté:
– ¿Estás haciendo esto porque no quieres perderme o porque de verdad lo quieres? – su mirada ardía.
– Las dos cosas, – me respondió volviendo a besarme. – No quiero perderte, ¿todavía quieres terminar?
Me voltee a intentar pensar rápidamente y el refrigerador quedó delante de mí. En la base de la puerta estaba una nota que decía;

“Llegaremos mañana en la tarde, tú hermana se quedará en casa de Marie. Te queremos.
Mamá y Papá.”

Me quedé pensando un segundo y las ganas me ganaron ante todo.
– No, no quiero terminar. Pero esta vez las cosas se harán a mi manera.


Autor: Roraima Colina.
Colaboración: Geraldine Arias