— Vamos a salir hoy, — Gabriel sostenía por los hombros a George y lo zarandeaba.
— Está bien, está bien. — Le respondía mi hermano tratando de zafarse. Me uní a Gabriel con un empujón.
Volvimos a casa, Arán se nos unió llevando a Rosmeri, esos dos no se separaban ni para la esquina. Y para culparlos…
Solo despejé mi mente luchando por pasar un buen rato esta noche.
SEXTO CAPÍTULO
Entradas la una de la madrugada creo que ya comenzaba a borrarme, para algo me estaba sirviendo el alcohol, aunque no soy de mucho tomar esta noche era diferente, si el día lo había sido por qué no la noche.
Bailaba tranquilamente cuando me tropecé con unos tacones, creí haberla visto antes, ella me sonrió como si así era, le devolví una sonrisa cortés y seguí mi camino.
A pesar de la hora ésta parte de la ciudad estaba en movimiento, las luces del local se movían, titilaban y alumbraban cada rostro que mi visión captaba. Todo era sonrisas, gritos y mucho baile, felicidad en todas parte, ¿por qué la vida no puede ser así? Toda una fiesta, risas y alegría.
En realidad la mitad de todos aquí ya no tenían conciencia, seguramente mañana… o bueno, hoy, en un par de horas no recordarían a quien vieron, con quien hablaron, bailaron o coquetearon. Otra razón por la que me pregunto, ¿por qué no puede la vida ser así?
— Que mujer tan hermosa, — oí la voz distraída de mi hermano.
— ¿Dónde? — le pregunté siguiendo la dirección hacia donde él miraba.
— Padrón, incluso más que en la televisión — en cuanto me dijo el apellido me encontré con ese par de ojos que había visto en aquella oficina y que desde hace casi tres semanas no dejaba de ver en las noticias.
Carolina Padrón…
— Por eso la ves tanto en la televisión, ¡Claro! — George se carcajeo y volvió a mirar al frente como si no hubiera dicho nada. Yo la miré por varios segundos y de repente sus ojos se posaron en los míos. Me sonrió con ganas, bajó la mirada y volvió a hablar con sus amigas.
Me quedé embobado mirando como las luces hacían brillar su cabello y el color carmín que llevaba en los labios.
— Tienes saliva, límpiate — Rosmeri se burlaba de mi fingiendo limpiar mis babas. Me reí de mi mismo y volví a unirme a mis amigos.
George bailaba en medio de la pista, enseñándole unos pasos a Aran y Jorge, ambos con par de pues izquierdo eran la diversión del momento.
Me levanté de donde estaba y fui a unirme a ellos, sin prestarle atención ni a “ella” ni a “él”.
Geo y yo nos reíamos tratando de hacerle captar los pasos a los chicos. Incluso me reía con Sheryl, cuando me había dicho a mí mismo alejarme de ella.
«Y hasta aquí recuerdo»
****
Mi prima Giselle me sorprendió entrando al cuarto mientras dormía, dejando estrepitosamente un conjunto sobre mi cama, me tapó las piernas con él. Me estiré y con toda la calma del mundo me levanté, ella me lanzó una mirada colérica al verme poco entusiasmado por ver qué era lo que me había dejado sobre las piernas.
Era un conjunto de esos típicos de una tienda Louis Vuitton usados por esos tiesos maniquís con posición poco humana en las vidrieras de un centro comercial. Lo detalle por unos segundos y le bufé.
— ¿Quién te dio esto? — no pude reprimir una carcajada.
— Un amigo, — me respondió abriendo de par en par la ventana. Se volteó y había una sonrisa pícara en su rostro, algo estaba tramando.
— Está horrible, ¿Y dices que te lo dio un amigo? se está burlando de ti, de eso seguro. — El conjunto era de color canela, los pantalones era más bien leggins de esos que no se usan desde el siglo XVIII, con unos zapatos que le hubiera lucido excepcionalmente al Rey Arturo en su época, llevaba una camisa blanca con chaqueta de caqui, color crema, más clara que el "pantalón" «si es que eso es pantalón», una bufanda ¡roja! y un sombrero muy poco varonil.
— No es para mí — su sonrisa brillo aún más con una locura errante en la mirada.
Me hizo lo apuntó con la barbilla.
— ¿Qué? — esa cosa horrenda, según ella, era para mí. — ¡NO!
Giselle se carcajeo ruidosamente y se sentó en el sillón que está junto a mi cama.
— Pruébatelo, vamos. ¡Es un Prada!
«Ni de broma»
— ¡No voy a ponerme eso! ¿Estás loca?
— Vamos, Vic. Es muy chic, está muy de moda en Europa. — Su labio inferior sobre salió de una manera exagerada.
— Esa carita de Gato con Botas no va conmigo, — le hice un mohín y volví a meterme en la cama.
Giselle me observó durante un momento, creo que estaba maquinando de que manera convencerme para ponerme aquellos trapos que si bien podían estar de moda en la China, ¡Era en la China! no acá.
— Cierra la ventana cuando salgas, por favor. — Le dije cubriéndome de nuevo con las sábanas.
«Ni en mis días libres puedo dormir un poco más, que triste.»
Zapateo ruidosamente cerrando la ventana y salió dando un fuerte portazo.
«¡Que malcriada!»
— ¡Solo quería que te vieras bien para la fiesta de ésta noche, Carolina Padrón — dijo el apellido con un énfasis casi amenazante — está muy entusiasmada por verte. Pero ya que...!
¿Cómo esperaba que soltara esa bomba y yo no hiciera nada?, Giselle me conocía muy bien y sabía que de alguna u otra manera me convencería, y de un tiempo para acá yo estaba más pendiente de esa Carolina que de cualquier otra en la vida.
— ¿Qué? — le grité pero volvió a batir la puerta.
Me levanté de un salto arredrándome con las sabanas y tirando el conjunto al suelo, me hizo gracia pensar en la cara de Giselle al verme como lo pisoteé en un intento por no perder el equilibrio.
— ¡GISELLE! — la llamé desde la puerta, para mi sorpresa y posterior vergüenza, la muy manipuladora estaba de brazos cruzados del otro lado de la puerta con su anterior sonrisa de suficiencia.
Le entorné los ojos y me di la vuelta, su carcajada entró en la habitación, suspiro ruidosamente al ver el traje en el suelo.
— Espero que no lo hayas estropeado, — lo levantó y lo coloco en mis manos — ve y pruébatelo.
El peor ridículo de la historia sería que ella pretendiera que yo saliera usando eso.
— Pero si estás hermoso.
— Parezco muñeco de torta Gis.
— Y uno muy chic.
Le dedique un mohín enorme mientras dejaba de verme al espejo, era demasiado humillante solo imaginarme salir usando ese estúpido sombrero y esa bufanda que ni siquiera combinaba.
— No sabes nada de moda, — me atacó ésta gordita diabólica, ¿creía que eso me iba a ofender?
Me reí muy fuerte negándole con la cabeza.
— No, no sé. Lo que sí sé es que no voy a usar esto.
— ¡Vamos! ¡Por Carolina? — casi se pone de rodillas y junto las manos en gesto de súplica.
— Hagamos un trato, ¿de acuerdo?
Ella lo sopeso un momento.
— De acuerdo, — dijo entornando los ojos.
— Me pongo la camisa y la chaqueta... — esperé unos segundos a ver con que me refutaba pero para mi sorpresa me dejó continuar — pero nada más.
Ella me sonrió con gesto de suficiencia.
— Esperaba que dijeras eso, — la miré con sospecha — en realidad el conjunto no es conjunto, solo te traía la chaqueta y la camisa, lo demás es mío, — su carcajada retumbo en la habitación donde apareció George con una cámara totalmente bañado en lagrimas por la risa. — Solo quería verte así de hermoso.
El flash de la cámara que traía Geo en las manos me cegó.
— Esto quedará guardado en el baúl de los recuerdos.
Los dos reían ruidosamente, respiré hondo y pausadamente:
— Perfecto, — salí de la habitación derechito a quitarme esos trapos. Por lo menos tenía la bendita chaqueta y camisa. — Gracias primita bella, — dije con todo el sarcasmo del mundo. Me metí en mi cama de nuevo ignorándolos completamente. Sus risas se detuvieron de repente.
— Hermano, no te enojes, — dijo Geo tratando de reírse de nuevo.
— Geo, — le dije volviéndome para mirarlo — hermano, necesito dormir. Hablamos ahorita. Y gracias por la ropa prima. — De verdad estaba agradecido, aunque la bromita después me la pagarían.
Salieron sonriendo aunque un poco afligidos, si les hubiera seguido el juego estuvieran partiéndose las costillas de risa dos semanas seguidas más.
****
Desperté a eso del medio día, desesperado por verla en las noticias.
Que sexy podía llegar a verse una mujer hablando de fútbol, la comentarista de deportes más hermosa del mundo.
— Te vas a volver loco, — se sentó George a mi lado con un bol lleno de cotufas bien saladas, como nos gusta. — Es que ya sabes, si no se rompe el paladar entonces no se comió cotufas.
Le tiré el bol de las manos, haciendo un reguero de maíz blanco sobre el sofá.
— ¿Ves? Ya estás loco.
— Jaja. Y tú envidioso, — estaba a punto de salir y dejarlo con su desorden.
— ¿Envidioso? Di tú…
— Digo… Yo estoy soltero y tú no.
Lo dejé pensando en el asunto y salí con mi sonrisota pegada en el rostro.
Aran haría su fiesta de cumpleaños hoy, era sábado y no iría a trabajar en mi disco sino hasta el lunes.
Sin embargo, tampoco tenía pensado ir, no quería verla… o tal vez si, si no fuera porque Geo estaba aquí quizá no hubiera ido.
¿…Y perderme de la parejita feliz llegar a la fiesta?
Oriana llegó tomada del brazo de su ahora, aparentemente, inseparable prometido. Venía feliz, luciendo un bonito vestido adornado de una brillante sonrisa.
Disculpen lo poco, espero sus teorías, ¿Qué pasará? Jaja! Nos leemos ;)
Bailaba tranquilamente cuando me tropecé con unos tacones, creí haberla visto antes, ella me sonrió como si así era, le devolví una sonrisa cortés y seguí mi camino.
A pesar de la hora ésta parte de la ciudad estaba en movimiento, las luces del local se movían, titilaban y alumbraban cada rostro que mi visión captaba. Todo era sonrisas, gritos y mucho baile, felicidad en todas parte, ¿por qué la vida no puede ser así? Toda una fiesta, risas y alegría.
En realidad la mitad de todos aquí ya no tenían conciencia, seguramente mañana… o bueno, hoy, en un par de horas no recordarían a quien vieron, con quien hablaron, bailaron o coquetearon. Otra razón por la que me pregunto, ¿por qué no puede la vida ser así?
— Que mujer tan hermosa, — oí la voz distraída de mi hermano.
— ¿Dónde? — le pregunté siguiendo la dirección hacia donde él miraba.
— Padrón, incluso más que en la televisión — en cuanto me dijo el apellido me encontré con ese par de ojos que había visto en aquella oficina y que desde hace casi tres semanas no dejaba de ver en las noticias.
Carolina Padrón…
— Por eso la ves tanto en la televisión, ¡Claro! — George se carcajeo y volvió a mirar al frente como si no hubiera dicho nada. Yo la miré por varios segundos y de repente sus ojos se posaron en los míos. Me sonrió con ganas, bajó la mirada y volvió a hablar con sus amigas.
Me quedé embobado mirando como las luces hacían brillar su cabello y el color carmín que llevaba en los labios.
— Tienes saliva, límpiate — Rosmeri se burlaba de mi fingiendo limpiar mis babas. Me reí de mi mismo y volví a unirme a mis amigos.
George bailaba en medio de la pista, enseñándole unos pasos a Aran y Jorge, ambos con par de pues izquierdo eran la diversión del momento.
Me levanté de donde estaba y fui a unirme a ellos, sin prestarle atención ni a “ella” ni a “él”.
Geo y yo nos reíamos tratando de hacerle captar los pasos a los chicos. Incluso me reía con Sheryl, cuando me había dicho a mí mismo alejarme de ella.
«Y hasta aquí recuerdo»
****
Mi prima Giselle me sorprendió entrando al cuarto mientras dormía, dejando estrepitosamente un conjunto sobre mi cama, me tapó las piernas con él. Me estiré y con toda la calma del mundo me levanté, ella me lanzó una mirada colérica al verme poco entusiasmado por ver qué era lo que me había dejado sobre las piernas.
Era un conjunto de esos típicos de una tienda Louis Vuitton usados por esos tiesos maniquís con posición poco humana en las vidrieras de un centro comercial. Lo detalle por unos segundos y le bufé.
— ¿Quién te dio esto? — no pude reprimir una carcajada.
— Un amigo, — me respondió abriendo de par en par la ventana. Se volteó y había una sonrisa pícara en su rostro, algo estaba tramando.
— Está horrible, ¿Y dices que te lo dio un amigo? se está burlando de ti, de eso seguro. — El conjunto era de color canela, los pantalones era más bien leggins de esos que no se usan desde el siglo XVIII, con unos zapatos que le hubiera lucido excepcionalmente al Rey Arturo en su época, llevaba una camisa blanca con chaqueta de caqui, color crema, más clara que el "pantalón" «si es que eso es pantalón», una bufanda ¡roja! y un sombrero muy poco varonil.
— No es para mí — su sonrisa brillo aún más con una locura errante en la mirada.
Me hizo lo apuntó con la barbilla.
— ¿Qué? — esa cosa horrenda, según ella, era para mí. — ¡NO!
Giselle se carcajeo ruidosamente y se sentó en el sillón que está junto a mi cama.
— Pruébatelo, vamos. ¡Es un Prada!
«Ni de broma»
— ¡No voy a ponerme eso! ¿Estás loca?
— Vamos, Vic. Es muy chic, está muy de moda en Europa. — Su labio inferior sobre salió de una manera exagerada.
— Esa carita de Gato con Botas no va conmigo, — le hice un mohín y volví a meterme en la cama.
Giselle me observó durante un momento, creo que estaba maquinando de que manera convencerme para ponerme aquellos trapos que si bien podían estar de moda en la China, ¡Era en la China! no acá.
— Cierra la ventana cuando salgas, por favor. — Le dije cubriéndome de nuevo con las sábanas.
«Ni en mis días libres puedo dormir un poco más, que triste.»
Zapateo ruidosamente cerrando la ventana y salió dando un fuerte portazo.
«¡Que malcriada!»
— ¡Solo quería que te vieras bien para la fiesta de ésta noche, Carolina Padrón — dijo el apellido con un énfasis casi amenazante — está muy entusiasmada por verte. Pero ya que...!
¿Cómo esperaba que soltara esa bomba y yo no hiciera nada?, Giselle me conocía muy bien y sabía que de alguna u otra manera me convencería, y de un tiempo para acá yo estaba más pendiente de esa Carolina que de cualquier otra en la vida.
— ¿Qué? — le grité pero volvió a batir la puerta.
Me levanté de un salto arredrándome con las sabanas y tirando el conjunto al suelo, me hizo gracia pensar en la cara de Giselle al verme como lo pisoteé en un intento por no perder el equilibrio.
— ¡GISELLE! — la llamé desde la puerta, para mi sorpresa y posterior vergüenza, la muy manipuladora estaba de brazos cruzados del otro lado de la puerta con su anterior sonrisa de suficiencia.
Le entorné los ojos y me di la vuelta, su carcajada entró en la habitación, suspiro ruidosamente al ver el traje en el suelo.
— Espero que no lo hayas estropeado, — lo levantó y lo coloco en mis manos — ve y pruébatelo.
El peor ridículo de la historia sería que ella pretendiera que yo saliera usando eso.
— Pero si estás hermoso.
— Parezco muñeco de torta Gis.
— Y uno muy chic.
Le dedique un mohín enorme mientras dejaba de verme al espejo, era demasiado humillante solo imaginarme salir usando ese estúpido sombrero y esa bufanda que ni siquiera combinaba.
— No sabes nada de moda, — me atacó ésta gordita diabólica, ¿creía que eso me iba a ofender?
Me reí muy fuerte negándole con la cabeza.
— No, no sé. Lo que sí sé es que no voy a usar esto.
— ¡Vamos! ¡Por Carolina? — casi se pone de rodillas y junto las manos en gesto de súplica.
— Hagamos un trato, ¿de acuerdo?
Ella lo sopeso un momento.
— De acuerdo, — dijo entornando los ojos.
— Me pongo la camisa y la chaqueta... — esperé unos segundos a ver con que me refutaba pero para mi sorpresa me dejó continuar — pero nada más.
Ella me sonrió con gesto de suficiencia.
— Esperaba que dijeras eso, — la miré con sospecha — en realidad el conjunto no es conjunto, solo te traía la chaqueta y la camisa, lo demás es mío, — su carcajada retumbo en la habitación donde apareció George con una cámara totalmente bañado en lagrimas por la risa. — Solo quería verte así de hermoso.
El flash de la cámara que traía Geo en las manos me cegó.
— Esto quedará guardado en el baúl de los recuerdos.
Los dos reían ruidosamente, respiré hondo y pausadamente:
— Perfecto, — salí de la habitación derechito a quitarme esos trapos. Por lo menos tenía la bendita chaqueta y camisa. — Gracias primita bella, — dije con todo el sarcasmo del mundo. Me metí en mi cama de nuevo ignorándolos completamente. Sus risas se detuvieron de repente.
— Hermano, no te enojes, — dijo Geo tratando de reírse de nuevo.
— Geo, — le dije volviéndome para mirarlo — hermano, necesito dormir. Hablamos ahorita. Y gracias por la ropa prima. — De verdad estaba agradecido, aunque la bromita después me la pagarían.
Salieron sonriendo aunque un poco afligidos, si les hubiera seguido el juego estuvieran partiéndose las costillas de risa dos semanas seguidas más.
****
Desperté a eso del medio día, desesperado por verla en las noticias.
Que sexy podía llegar a verse una mujer hablando de fútbol, la comentarista de deportes más hermosa del mundo.
— Te vas a volver loco, — se sentó George a mi lado con un bol lleno de cotufas bien saladas, como nos gusta. — Es que ya sabes, si no se rompe el paladar entonces no se comió cotufas.
Le tiré el bol de las manos, haciendo un reguero de maíz blanco sobre el sofá.
— ¿Ves? Ya estás loco.
— Jaja. Y tú envidioso, — estaba a punto de salir y dejarlo con su desorden.
— ¿Envidioso? Di tú…
— Digo… Yo estoy soltero y tú no.
Lo dejé pensando en el asunto y salí con mi sonrisota pegada en el rostro.
Aran haría su fiesta de cumpleaños hoy, era sábado y no iría a trabajar en mi disco sino hasta el lunes.
Sin embargo, tampoco tenía pensado ir, no quería verla… o tal vez si, si no fuera porque Geo estaba aquí quizá no hubiera ido.
¿…Y perderme de la parejita feliz llegar a la fiesta?
Oriana llegó tomada del brazo de su ahora, aparentemente, inseparable prometido. Venía feliz, luciendo un bonito vestido adornado de una brillante sonrisa.
Disculpen lo poco, espero sus teorías, ¿Qué pasará? Jaja! Nos leemos ;)
Roraima Colina.-
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