QUINTO CAPÍTULO - ADELANTO
Las luces del estudio se encendieron haciendo que Sheryl y yo paráramos de besarnos.
Levanté el rostro y Oriana nos miraba con los ojos como platos.
Ésta me dijo todo con el rostro. Mil y una emociones cruzaron por su semblante y rompió a llorar.
— ¡Espera! —, comencé a gritarle mientras me zafaba de los brazos de Sheryl y corría tras ella, — ¡ORIANA!
Ella se detuvo en seco y la mirada con la que me fulminó me desencajó la vida, no pude decirle nada, me limité a devolvérsela.
— Me parece justo. No digas nada, no es necesario. Todo esto es mi culpa.
Pues ella tenía razón y no la iba a contrariar.
— Lo siento —, solo pude decirle.
— No sientas nada. Solo piensa bien lo que haces con Sheryl.
— Adiós —, me dijo escondiendo los ojos en total signo de resignación.
...Perfecto. Ahora no sufría yo solo.
No podía pensar que se había llevado su merecido, porque aunque sufría como un loco, verla llorar me dolió bastante. Igual y no podía quebrarme por unas cuantas lagrimitas que soltó, por qué no pensó en eso cuando me estaba siendo infiel, cuando se burlaba de mí.
— ¡Qué pena! —, soltó Sheryl a mis espaldas. Que niña tan egoísta.
— ¿Pena? — quería hacerla sufrir, de verdad quería que Sheryl llorara por mí. Nacieron en mí unas ganas de aprovecharme de ella irremediables.
¿Egoísta ella? ¡Egoísta estaba siendo yo!
— Si, pobre Oriana. Me siento muy mal. — Sheryl no fingió para nada que esa frase de "me siento muy mal" fue simple sarcasmo y que en realidad no le importaba en lo más mínimo lo que Oriana sintiera o no.
La miré por lo que parecieron 10 minutos completos con la decepción marcada en el rostro. No quería seguirla mirando, Oriana tenía razón, no estaba midiendo bien las consecuencias de esto. Debía marcharme.
— ¿A dónde vas? — me preguntó Sheryl al verme dirigirme a la salida.
— Perdóname, — estaba pidiendo demasiado perdón para mi gusto. — Debo irme.
Sheryl me observó desde el umbral del estudio y con ademán despreocupado simplemente se giró y entró. Y yo pensado en ella como "una niña virginal".
Que amarga forma de darme cuenta que nada en esta vida es rosas y caramelos, incluso las rosas tienen sus buenas espinas y los caramelos, un envoltorio capaz de demorarte en tu fin de saborear el dulce.
Roraima Colina.-
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